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Recibir mejores propinas

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Muéstrate amigable, pero no te entrometas en las conversaciones de los clientes, a menos que te lo pidan. Haz tu trabajo, luego deja que el cliente coma o hable en relativa privacidad.

Preséntate. Mira a los clientes a los ojos después de que hayan tomado asiento y preséntate con prontitud. De este modo comenzarás la conversación con el pie derecho, lo cual en promedio te generará mejores propinas y así ellos podrán después solicitar tu atención cortésmente.

Haz varias tareas a la vez: preséntate mientras repartes los menús y revisas que cada cliente tenga cubiertos y servilletas.

Sigue siendo educada, amigable y solícita incluso con los clientes enfadados.
Cuando te dirijas a los clientes, emplea términos respetuosos siempre, tales como señor, señora y señorita. Compórtate de manera amigable, positiva y haz que se sientan lo más cómodos posible.

Pregúntales si antes han venido al restaurante, porque si es la primera vez que vienen, podrías darles la bienvenida y ofrecerles tu ayuda con el menú.

Muéstrate amigable, pero no te entrometas en las conversaciones de los clientes, a menos que te lo pidan. Haz tu trabajo, luego deja que el cliente coma o hable en relativa privacidad.

Recuerda que siempre deberás sonreír. Por más molestos que sean ciertos clientes o colegas, procura que tu rostro se vea agradable y sopórtalo, ¡así te ahorrarás mucho drama!

No hables ni cuentes chismes sobre los cliente aunque creas que no puedan oírte. Sigue siendo cortés y respetuosa cuando hables sobre ellos, porque podrían estar oyéndote.

Respeta el espacio personal del cliente.
Nunca te sientas a la mesa para tomar su pedido. No le estreches la mano ni lo abraces salvo que seas una amiga cercana del cliente o lo saludes con la mano como política del restaurante. Otras interacciones físicas dependerán de la atmósfera de tu lugar de trabajo y de si eres hombre o mujer.

Ciertos estudios sobre restaurantes estadounidenses arrojaron que las mujeres que tocaban ligeramente el hombro, la mano o brazo de un cliente recibían en promedio mejores propinas por parte de esa persona. Solo deberás hacerlo con aquellos clientes que se vean relajados y cómodos, pero nunca lo hagas si está con una mujer. Sé amigable, no coqueta.

Aconseja al cliente sobre su pedido.
Si uno te pide recomendaciones, prepárate para responder cada una de sus preguntas o recomienda tu platillo favorito de cada categoría. Si el cliente pide un platillo que recibe muchas queja, procura recomendar otra opción.

A los clientes les gusta cuando les dan los “comentarios privados” de un platillo, pero no deberás llegar al punto de hablar mal de él, a menos que trabajes en un ambiente inusualmente relajado. Más bien, evítales un platillo malo, recomiéndales uno similar y mejor como “la especialidad del chef” o “mi favorito”.

Responda todas las preguntas razonables que te hagan los clientes.
Muchas personas tienen razones severas para evitar determinados ingredientes, incluidas las alergias potencialmente mortales. Si no estás familiarizada con todos los platillos del menú (es tu deber), haz tu mejor esfuerzo por averiguar cómo se preparan.

Nunca le mientas a un cliente diciéndole que han eliminado un ingrediente que él o ella haya pedido que no lo incluyeran. Si no puedes satisfacer su pedido, sencillamente díselo y sugiere una alternativa similar que pueda comer.

No cuestiones a los clientes. Recuerda que hay muchos motivos por los cuales un cliente podría cambiar su pedido, sean motivos religiosos, vegetarianos, veganos y por restricciones culturales. Si es posible cambiar su pedido, ¡no le preguntes por qué pidió lo otro!

Confírmale el pedido al cliente repitiéndoselo.
Ciertos estudios de muchos establecimientos estadounidenses arrojaron que los camareros que repetían los pedidos a los clientes recibían más propinas. Por más grande o pequeño que pueda ser ese efecto, también le dará al cliente la oportunidad de corregir cualquier error o cambio de opinión.

Ve cómo están los clientes periódicamente y dales actualizaciones.
Si recién eres camarero o camarera, podría tomarte algún tiempo hacerte una idea de la frecuencia con la que deberás visitar cada mesa. Al menos observa si los comensales ya terminaron de comer o si parecen aburridos o irritados mientras esperan la comida.

Cada vez que te sea posible, dales un tiempo estimado si preguntan cuánto tiempo demorará la comida.

Visita las mesas para llenar los vasos de los clientes si se les está acabando o pregúntales si quieren comprar otras bebidas especiales.

Saca los platillos vacíos con prontitud, pero antes pregúntaselo al cliente.
Pregúntale siempre si ha terminado antes de sacar los platos que todavía contengan comida. Si ha dejado mucha, pregúntale si le gustó.

Muchos restaurantes permiten que sus camareros den algo extra a los clientes insatisfechos para compensar cualquier mala experiencia, lo cual podría salvar tu propina.
Hazte amiga de los clientes habituales.
Sé amigable con la gente con la que normalmente no hablarías. Cuando alguien se siente en tu sección más de una vez, tómate el tiempo para conocerlo. No tienes necesariamente que convertirte en su amiga rápidamente, pero probablemente algunos terminen cayéndote bien.
Recuerda su nombre y sus bebidas favoritas, dónde trabajan, etc. Hazles sentir que van al restaurante para visitar a una amiga suya: ¡tú!

Procura anotar el aspecto físico y los gustos de cualquier cliente que regrese más de una vez. Quedará impresionado si sabes cómo le gusta el filete en su tercera visita.

No asumas que el cliente quiere la cuenta, pero tampoco lo dejes esperando.
Pregúntale si quiere algo más, así se abrirá la oportunidad de que pida postre, algo para llevar o la cuenta.

Si dice que no necesita nada más, pregúntale si está listo para la cuenta.

Si tiene que pedírtela, por lo general querrá decir que está apurado o has esperado demasiado tiempo desde tu última visita a la mesa.

Nunca le preguntes a un cliente si necesita el vuelto. Di: “Ya vuelvo con su vuelto”, luego regresa y deja todo el monto en la mesa.

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2017-09-25T16:18:16+00:00

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